Beneficios y preparación del CALDO DE HUESOS 🦴🦴

Los huesos son ricos en proteína, colágeno, o glicina, entre otros. El caldo de huesos contiene valiosos minerales en una forma que puede ser absorbida y utilizada fácilmente por el organismo, tales como calcio, magnesio, fósforo, silicio, sodio, potasio o azufre; también contiene sulfato de condroitina y glucosamina, provenientes de cartílagos y tendones, actualmente vendidos como valiosos suplementos para la artritis y el dolor de las articulaciones.

El caldo de huesos inhibe las infecciones causadas, por ejemplo, por el virus de la gripe y el resfriado, y combate la inflamación, gracias a aminoácidos antiinflamatorios como la arginina.

Su consumo es muy recomendable, lo puedes tomar a diario.

Su preparación resulta bastante sencilla. Se trata de dejar cocer los huesos de ternera, pollo, cordero o cualquier otro animal durante muchas horas para que desprendan sus nutrientes en el caldo que luego nos beberemos. Este caldo también puede ser utilizado para hacer sopas o como condimento de otros platos. Se puede congelar e ir sacando según se necesite. Lo ideal es poner a cocer junto a los huesos, también algunas verduras (cebolla, ajo, apio, perejil,…) y aromáticas si se desea (laurel, tomillo, romero,…) que aportarán también nutrientes y sabor al caldo resultante. No debemos olvidar añadir una o dos cucharadas de vinagre a la cocción, pues éste ayudará a extraer mejor los minerales de los huesos. El vinagre de manzana crudo, sin filtrar y sin pasteurizar, es siempre la mejor opción en cualquier caso.

Consideraciones sobre la inflamación de las arterias y el colesterol

💡 Algunas consideraciones a tener en cuenta sobre la inflamación de las arterias y el consecuente nivel elevado de colesterol

Las causas de ésta son, generalmente, una alimentación inadecuada a base de cereales y otros granos, legumbres, azúcares, o ciertas grasas vegetales, así como el cocinado en exceso de los alimentos, una vida sedentaria, fumar, o el estrés.

Las grasas saturadas no son el problema, y hay numerosos estudios que confirman la no correlación de su consumo con los niveles de colesterol. Carnes rojas, huevos, mantequilla, quesos,… pueden ser saludables si resultan compatibles con tu tipo de metabolismo.

Para reducir la inflamación y los niveles de colesterol debes, por tanto, reducir o eliminar por completo esos alimentos causantes de la misma, especialmente granos y azúcares, como la fructosa presente en frutas, que no por ser natural resulta saludable. Debes, también, aumentar el consumo de grasas omega 3, una de las mejores fuentes es el aceite de krill, y consumir también otras grasas saludables como las presentes en el aceite de oliva virgen extra, el aceite de coco, ghee o mantequilla, frutos secos y semillas, aguacates, huevos, pescados salvajes y carne de animales de cría orgánica alimentados con pasto, así como evitar el tabaco, el alcohol y el estrés y realizar ejercicio regularmente.


Fuente: Dr. J. Mercola (artículo web)

Embarazo: Alimentos más recomendables

Si bien es importante alimentarse correctamente en todas las etapas de la vida, el embarazo es el momento de mayor demanda nutricional, no sólo para el correcto funcionamiento del organismo de la mujer embarazada, sino también para el óptimo crecimiento y desarrollo del bebé. La nutrición adecuada es clave en todas las etapas de formación del feto, por lo que es realmente importante comenzar a nutrirse bien desde antes de la concepción (también en el caso del padre) y continuar haciéndolo especialmente durante el embarazo y la lactancia, aunque lo ideal será que mantengamos una alimentación saludable por siempre y para siempre.

Es de suma importancia dejar de lado cualquier alimento procesado, y aumentar el consumo de ciertos vegetales, grasas saludables y proteína de alta calidad, priorizando siempre el origen orgánico, de cercanía, libre de químicos tóxicos, lo más respetuoso posible con la naturaleza y sus criaturas.

A continuación encontrarás información sobre los alimentos más ricos en nutrientes esenciales, así como la cantidad más apropiada a consumir para cumplir con los requerimientos propios de esta etapa.

HUEVO

Considerado uno de los alimentos más nutritivos, los huevos son una fuente estupenda de proteína de alto valor biológico, grasa buena, y otros nutrientes, como la colina (de especial importancia en el embarazo) y ciertos antioxidantes. Contienen además cantidades significativas de varias vitaminas del grupo B, folato (B9), minerales como selenio, fósforo, hierro, zinc y vitaminas A, D y E, y aunque en menor proporción también contienen calcio, cobre, sodio, magnesio, manganeso, potasio, otras vitaminas del grupo B, vitaminas C y K. Así pues, un consumo diario de este alimento es ideal en todas las etapas de la vida, no obstante durante el embarazo, la ingesta de al menos 2 ó 3 huevos al día es altamente recomendable, y además es en la yema donde se encuentra la mayor parte de nutrientes.

La colina desempeña un papel importante para ayudar a prevenir defectos de nacimiento como la espina bífida, es vital durante el embarazo para el desarrollo del tubo neural del feto e interviene en la programación de su sistema de regulación del estrés. Según ciertas investigaciones, la colina está relacionada con el desarrollo neurológico y cognitivo del futuro bebé, incluso podría disminuir el deterioro de la memoria relacionado con el envejecimiento, así como la vulnerabilidad del cerebro a las toxinas durante la infancia y brindarle protección en el transcurso de la vida.

Los huevos son, además, fuente importante de ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA), fundamentales para un desarrollo saludable dentro del útero, especialmente si nos referimos al desarrollo ocular y cerebral. También juegan un papel importante en la duración de la gestación.

La naturaleza es sabia y la colina que tiene el huevo ayuda a que las células incorporen más DHA, haciendo del dúo colina-DHA una alianza imparable y beneficiosa para el feto.1

A la hora de elegir los huevos que vas a consumir, si tienes oportunidad de adquirirlos directamente de un particular o pequeño productor podrás preguntarle de qué se alimentan sus gallinas. Lo ideal es que las gallinas estén criadas al aire libre, que se pasan el día picoteando y se alimentan principalmente de bichitos y plantas, restos orgánicos de verduras y otros alimentos, y como mucho complementen con un poco de grano también de origen orgánico (pero lo menos posible). “Somos lo que comemos” y las gallinas también, así que la alimentación repercute en sus huevos. Hay bastante engañocon respecto a los huevos ecológicos, pues en ocasiones lo único que tienen de ecológico es que el pienso del que se “atiborran” está certificado como tal, y esto no es sinónimo de que las gallinas coman sano, ni de que vivan en condiciones adecuadas. Si no puedes encontrar huevos de esta calidad, consume los mejores a los que puedas acceder, no dejes de comer huevos durante el embarazo, pues son altamente beneficiosos.

PESCADO AZUL

El pescado es la mejor fuente natural de ácidos grasos omega 3, EPA y DHA, de origen animal, y ya hemos visto lo importantes que resultan estos ácidos grasos especialmente en el embarazo, pero dado el nivel de contaminación por mercurio presente en el pescado, debemos ser muy selectivas a la hora de elegir qué especies consumir. Si estás embarazada y no tienes cuidado, los efectos tóxicos pueden sobrepasar los efectos positivos de su consumo.

No debes tener miedo, el consumo regular de pescado salvaje, especialmente azul, resulta muy beneficioso, pero cíñete a especies con altas cantidades de omega 3 y bajas en mercurio, lo ideal son las más pequeñas como sardinas, boquerones o arenques, y no comer siempre la misma especie sino ir variando entre una y otra. Otro pescado muy recomendado es el salmón, pero ¡cuidado!, encontrarlo de origen salvaje suele resultar difícil, la mayoría del salmón noruego que llega a nuestras pescaderías es de cría y en tal caso debes evitarlo por completo (puedes encontrar más información sobre este tema en el artículo: Cuidado con el salmón noruego de cría). Otras especies de bajo contenido en mercurio (de pescado blanco en este caso, también muy beneficioso) son el bacalao, el abadejo o la pescadilla/merluza. Evita siempre las especies grandes como pez espada/emperador, atún, atún rojo, tiburón (cazón, marrajo, mielgas, pintarroja y tintorera), o lucio. En el siguiente enlace puedes encontrar un documento oficial con una lista de pescados y mariscos según el nivel de mercurio que contienen, que te puede servir como guía; como digo es oficial, así que quizá quieras investigar un poco más por tu cuenta…

RECOMENDACIONES_consumo_pescado_MERCURIO_AESAN_WEB.PDF

Recomiendo no consumir cantidades de pescado por encima de los 600 g a la semana, pues a partir de esta cantidad los riesgos por toxicidad pueden ser más altos que los beneficios. Según ciertos estudios, un consumo de entre 500 y 600 g semanales durante el embarazo se relacionó con mayores puntuaciones cognitivas y un menor riesgo de síntomas autistas en los niños; no obstante, para evitar riesgos, 350 g semanales serían una cantidad muy adecuada si le sumas un suplemento de omega 3 de calidad como el aceite de krill, el más recomendable y seguro a día de hoy.

Además de omega 3, el pescado salvaje es buena fuente de otros nutrientes importantes como proteínas de alto valor biológico, vitamina B12, vitamina D, yodo, selenio, calcio o colina.

¿Y cuánta colina debería consumir? Se recomiendan unos 450 mg de colina al día, cantidad que debería estar cubierta si consumes unos 2 ó 3 huevos diarios además de otros alimentos ricos en colina de los que hablaremos más en detalle a continuación. El hígado es uno de ellos, a la altura de los huevos en contenido de colina, también la carne roja o el pollo (siempre de pastura), pero hay otros de origen vegetal, de contenido más bajo, como son los aguacates o las almendras.

HÍGADO

El hígado es un alimento de elevada densidad nutricional, una verdadera joya cargada de vitaminas y minerales. Fuente muy rica de colina como ya hemos dicho, y uno de los alimentos con más hierro.

Consumir unos 60 – 70 g de hígado una vez por semana es una gran estrategia para asegurarnos una buena dosis de nutrientes, muy recomendables y necesarios, durante el embarazo.

El tipo de hierro que contiene el hígado, hierro hemo, se encuentra principalmente en la hemoglobina y mioglobina de la carne animal. Carnes rojas, blancas, pescados y también mariscos, son las mejores fuentes de hierro hemo, mejor absorbido por el organismo que el hierro no hemo, proveniente de fuentes de origen vegetal y lácteos.

Son alimentos ricos en hierro no hemo, las legumbres, frutos secos, semillas, verduras de hoja verde, aceitunas y moras, entre otros. Cabe destacar que la absorción de este tipo de hierro (no hemo) se ve condicionada por otros nutrientes, siendo, por ejemplo, la vitamina c un impulsor, y el calcio un inhibidor.

Pero el hígado es además una fuente maravillosa de otros nutrientes esenciales como folato, vitamina B12 y vitamina A.

El folato o vitamina B9 (más conocido en su versión sintética como ácido fólico) es uno de los nutrientes clave en el embarazo y la pre-concepción. Sus requerimientos aumentan en un 50 % durante la gestación, pues interviene en la formación de la médula espinal y el cerebro del bebé, y su deficiencia se ha asociado con anomalías tanto en madres como en fetos. Está presente en grandes cantidades en el hígado, y también en otros alimentos de origen vegetal como veremos más adelante. Cabe destacar la importancia de consumir folato en su forma natural, fácilmente asimilable por el organismo, en contraposición a su versión sintética (ácido fólico) recomendada por los organismos oficiales, que no es bien absorbido por un 40 – 60 % de la población.

La vitamina B12 o cobalamina, otra de las vitaminas que abunda en el hígado y la mayoría de alimentos de origen animal, presenta con frecuencia deficiencia en el embarazo, por ser los requerimientos más altos en esta etapa de lo que dictan las propias recomendaciones. La deficiencia de esta vitamina se asocia con defectos de nacimiento, parto prematuro y bajo peso al nacer. Si llevas una dieta rica en alimentos de origen animal (comiendo hígado una vez por semana, carne 2 ó 3 veces, pescado especialmente azul según las recomendaciones que ya hemos visto, y huevos a diario), no deberías preocuparte por tener deficiencia de esta vitamina. No obstante, si llevas una dieta vegana o vegetariana deberías suplementar, no sólo durante el embarazo si no también habitualmente. Cabe destacar también, que en caso de suplementación, se debe recurrir a la metilcobalamina (forma activa), dejando de lado la forma sintética habitualmente recetada por el sistema médico, cianocobalamina, sintetizada a partir de cianuro y una forma de vitamina B12.

CALDO DE HUESOS

Los huesos son ricos en proteína, colágeno, gelatina o glicina, entre otros. El caldo de huesos contiene valiosos minerales en una forma que puede ser absorbida y utilizada fácilmente por el organismo, tales como calcio, magnesio, fósforo, silicio, sodio, potasio o azufre; también contiene sulfato de condroitina y glucosamina, provenientes de cartílagos y tendones, actualmente vendidos como valiosos suplementos para la artritis y el dolor de las articulaciones.

La glicina, contenida en gran cantidad en los huesos, piel y tejido conectivo de los animales, es un aminoácido clave para el desarrollo del feto, pues interviene en la formación del ADN, huesos, órganos, vasos sanguíneos,… Consumir alimentos que la contienen, como el caldo de huesos, es muy recomendable al menos una o dos veces por semana, y especialmente elevar su consumo en el último trimestre de embarazo.

El caldo de huesos inhibe las infecciones causadas, por ejemplo, por el virus de la gripe y el resfriado, y combate la inflamación, gracias a aminoácidos anti-inflamatorios como la arginina.

Además, la gelatina que se encuentra en el caldo de huesos, también ayuda a tener una buena digestión, y a sellar y curar el revestimiento intestinal.

Preparar un caldo de huesos casero resulta bastante sencillo. Se trata de dejar cocer los huesos de ternera, pollo, cordero o cualquier otro animal (criado de forma orgánica) durante muchas horas para que desprendan sus nutrientes en el caldo que luego nos beberemos. Este caldo también puede ser utilizado para hacer sopas o como condimento de otros platos. Se puede congelar e ir sacando según se necesite. Lo ideal es poner a cocer junto a los huesos también algunas verduras (cebolla, ajo, boniato, apio, perejil,…) que aportarán también nutrientes y sabor al caldo resultante. No debemos olvidar añadir una o dos cucharadas de vinagre a la cocción, pues éste ayudará a extraer mejor los minerales de los huesos. El vinagre de manzana crudo, sin filtrar y sin pasteurizar, es siempre la mejor opción en cualquier caso.

En definitiva, el caldo de huesos es una excelente forma de obtener estupendos nutrientes en cualquier etapa, especialmente en el embarazo, y además de forma económica, pues estamos aprovechando huesos que de otro modo no nos podríamos comer y que en la mayoría de los casos terminarían en la basura.

AGUACATE

El aguacate es un alimento que no deberíamos pasar por alto, no sólo durante el embarazo, pues aporta gran cantidad de nutrientes esenciales, algunos de extrema importancia en este periodo, como potasio (más que el plátano), vitamina E, vitamina K, vitaminas B, folato, y vitamina C; es muy rico en fibra (alrededor de 7 g por cada 100 g de aguacate) y una fuente excelente de grasa monoinsaturada saludable.

La fibra desempeña un papel esencial en la salud digestiva, cardíaca y de la piel y puede mejorar el control de azúcar en sangre entre otras cosas. Es por esto que el consumo de fibra durante el embarazo parece estar relacionado con una reducción del riesgo de enfermedades como la diabetes gestacional ylapreeclampsia.

La grasa monoinsaturada que contiene el aguacate ayuda a prevenir trastornos fetales; según ciertos estudios, una dieta baja en este tipo de grasa se relaciona con un aumento de probabilidades de que el feto desarrolle trastornos de crecimiento. Además la grasa favorece la absorción de antioxidantes.

Consumir una pieza de aguacate diariamente es una buena idea. Incluyendo grasas saludables en el desayuno obtenemos energía para gran parte de la mañana, pero también podemos añadirlo a las ensaladas o disfrutarlo como más nos apetezca.

CARNES

La carne de animales criados en libertad, alimentados con pasto, de forma orgánica, es una fuente excelente de proteína de alta calidad, así como de otros nutrientes de especial importancia en el embarazo. La carne roja de res contiene una importante cantidad de vitaminas y minerales como hierro, colina, y vitaminas B. El pollo es también una excelente fuente de proteína, vitaminas B, selenio, fósforo, colina y glicina.

Es frecuente oír hablar de la asociación entre consumo de carne roja y una mayor incidencia de cáncer, pero los estudios reconocen que esto se debe a un alto consumo de ésta, en combinación con otros malos hábitos no sólo de tipo alimenticio. Por otro lado, el consumo de carne roja se asocia con una menor mortalidad por enfermedades cardiovasculares en hombres y por cáncer en las mujeres.

Lo ideal es comer carne de 2 a 3 veces por semana, intentando variar el tipo de carne y no limitándose, unicamente, al músculo del animal. Introduciendo vísceras como el hígado, y el preciadísimo caldo de huesos (de los que ya hemos hablado), mantenemos en equilibrio los aminoácidos que ingerimos.

BRÉCOL (o brócoli) Y OTRAS VERDURAS DE HOJA VERDE

El brécol y en general los vegetales con hojas de color verde oscuro, como las espinacas, la col rizada o kale, grelos y nabizas, berzas, etc. presentan un alto contenido en nutrientes importantes en el embarazo, como folato, fibra, potasio, calcio, hierro y vitaminas C, K y A. Son ricos en antioxidantes que refuerzan el sistema inmunológico y facilitan la digestión, y además su contenido en fibra puede prevenir el estreñimiento tan común durante esta etapa.

BAYAS O FRUTOS DEL BOSQUE

Las bayas son ricas en fibra, más bajas en azúcar que muchas frutas, y contienen altas cantidades de vitamina C que, como ya comentamos, favorece la absorción de hierro. Además contienen cantidades concentradas de fitoquímicos que combaten enfermedades, mejoran la inmunidad, previenen el cáncer, protegen el corazón y previenen alergias.

Algunas consideraciones finales a tener en cuenta

Nos suelen aconsejar que, durante el embarazo, pongamos especial cuidado en cocinar los alimentos; carnes, pescados y huevos bien hechos para acabar con posibles bacterias o parásitos a veces presentes en los mismos y que podrían resultar del todo perjudiciales para el feto. Pero lo cierto es que al cocinar tanto los alimentos no sólo acabamos con estos, si no también con muchas de sus propiedades y nutrientes. Para evitarlo, mi recomendación sería la de congelar la carne y los pescados totalmente, durante al menos 48 h, con lo que nos aseguramos de que cualquier bacteria o parásito habrá sido inactivado y no perjudicará a nuestro bebé. La congelación también aplica para el jamón o los embutidos. En cuanto a los huevos, si son de confianza, de gallinas en buenas condiciones, bien alimentadas y criadas en libertad, tampoco deberíamos correr ningún riesgo, pues las probabilidades son mínimas. En cuanto a las verduras, lo más preocupante son los químicos tóxicos empleados en la mayoría de la agricultura convencional y como ya dijimos lo ideal es acceder a productos orgánicos. En cualquier caso, lavar bien las verduras dejándolas a remojo en agua con un chorro de vinagre durante 15 minutos aproximadamente te asegurará una correcta desinfección.

Así podremos cocinar lo menos posible estos alimentos, y disfrutar (sobre todo para quienes los prefieran) de alimentos más jugosos y también más nutritivos.


1. Extraído del libro “Alimentación rebelde en tu embarazo” – www.padresrebeldes.com

Fuentes:

Albert, de Padres Rebeldes (www.padresrebeldes.com) Libro Alimentación rebelde en tu embarazo

Dr. Mercola – artículo web (https://articulos.mercola.com )

https://viviendolasalud.com/dieta-y-nutricion/alimentos-ricos-hierro

Blog de Kinepharma.es (artículo)

Colesterol, ¿amigo o enemigo?

Si a raíz de una pruebas te dicen que tienes alto el colesterol, probablemente pensarás que te has estado pasando con la ingesta de grasas y que debes reducirla. Puede que el facultativo te recomiende comenzar con un tratamiento a base de fármacos para reducir los niveles de colesterol. ¿Pero qué hay detrás de todo esto?, ¿de verdad hay un problema en tus niveles de colesterol?, y en tal caso, ¿es realmente el colesterol el problema o son otras cosas las que no están funcionando correctamente en tu organismo?

El colesterol es imprescindible para gozar de buena salud, vital para la supervivencia de células y tejidos, y su papel es esencial en cualquier reparación celular. No solo se encuentra en nuestro torrente sanguíneo sino también en cada una de las células de nuestro cuerpo. Precursor de todas las hormonas esteroideas, permite al organismo sintetizar las hormonas sexuales (progesterona, estrógenos y testosterona), la vitamina D (esencial en el metabolismo del calcio), las sales biliares (esenciales para la digestión de las grasas e implicadas a su vez en la eliminación del exceso de colesterol por las heces), hormonas corticoesteroidales y muchas otras hormonas vitales.

No existe ninguna forma de vida en nuestro planeta que pueda sobrevivir sin colesterol” 1

Su papel es importantísimo en el cerebro, el cual contiene aproximadamente el 25% del colesterol de nuestro cuerpo, actúa como aislante de las neuronas y es fundamental para la formación de las sinapsis o conexiones entre las mismas, las cuales nos permiten pensar, aprender cosas nuevas y formar recuerdos.

Se han relacionado los niveles bajos de colesterol HDL con la pérdida de memoria, enfermedad de Alzheimer, y puede también incrementar el riesgo de depresión, derrame cerebral, conducta violenta, y suicidio” 2

La mayor parte del colesterol presente en nuestro organismo no proviene de la dieta, si no que es de producción endógena. El hígado produce alrededor de las tres cuartas partes o más del colesterol de nuestro cuerpo. De hecho se estima que sólo el 20 % de los niveles de colesterol en sangre proviene de la alimentación.

El propio organismo se encarga de mantener el equilibrio. Una alta ingesta de colesterol en la dieta conduce a una disminución neta de la producción endógena por parte del hígado, y viceversa. Cuando, debido a deficiencias nutricionales como el consumo en exceso de azúcar y carbohidratos (sobre todo simples y muy procesados) y otros agentes externos como medicamentos y vacunas, se agrieta el colágeno del tejido conjuntivo de las paredes arteriales, éstas se inflaman y el colesterol acude al rescate transportado por las lipoproteínas y por eso aumenta el nivel en sangre.

La pérdida de flexibilidad e inflamación de las arterias ocasiona una reducción del caudal en el sistema circulatorio, y claro está que las estructuras más densas que circulen por nuestras arterias serán las que antes puedan causar obstrucciones, pero la causa del problema no es el colesterol. Si no hay inflamación es imposible que éste se acumule en las paredes de los vasos sanguíneos y que cause enfermedades cardíacas y apoplejías; sin inflamación, el colesterol se mueve libremente y sin peligro por todo el cuerpo cumpliendo su función.

Sólo existe un tipo de colesterol, no hay uno bueno y otro malo como acostumbramos a escuchar. El colesterol es soluble en grasa, y nuestra sangre es un medio acuoso, por lo que el colesterol no puede circular a través de ésta por sí solo, necesita combinarse con otras grasas y proteínas lo que da lugar a las llamadas lipoproteínas, con capacidad para transportar grandes cantidades de colesterol. Éstas lipoproteínas pueden dividirse en dos tipos: de alta densidad o HDL, y de baja densidad o LDL, mal llamadas colesterol “bueno” y colesterol “malo”.

Cuando el nivel de colesterol en sangre es muy elevado, deberíamos considerarlo como una señal de alarma de que algo está fallando. Si hay inflamación en las arterias, lo que debemos hacer es eliminar la causa de la misma en vez de cargarnos a su reparador con medicamentos (estatinas) agravando el problema. La inflamación y lesión de los vasos sanguíneos es causada, precisamente, por una dieta baja en grasas, alta en carbohidratos, al igual que un consumo excesivo de ácidos grasos omega 6, presentes en aceites vegetales (como el de girasol, soja o maíz) empleados en muchos alimentos procesados. Otros factores causantes de la inflamación son el abuso de medicamentos o el estrés.

Es necesario aclarar que las grasas omega 6 son esenciales en las membranas celulares, siempre y cuando se encuentren en equilibrio con las grasas omega 3, ya que si este equilibrio se rompe, se altera la membrana celular produciendo citoquinas, unas sustancias químicas que producen inflamación, que conduce a enfermedades cardíacas y otros problemas. La proporción saludable entre ácidos grasos omega 6 y 3 debería estar en un máximo de 3:1, siendo la ideal 1:1. Pero la dieta occidental actual está en proporciones de 15:1 a 30:1, gracias, en parte, a las recomendaciones oficiales.

La desinformación edificada alrededor de este tema es inmensamente perjudicial para la salud, y extremadamente provechosa para algunos de los sectores más inmensamente ricos del planeta, la industria farmacéutica y la alimentaria van cogidas de la mano como creadoras de una enorme mentira que vienen explotando ya desde hace décadas.

A mediados de los 80 sólo se consideraba tener niveles altos de colesterol si éste sobrepasaba los 330 mg/dl, pero las ansias de la industria farmacéutica por aumentar su negocio ha llevado a reducir los niveles máximos de alarma hasta los 240 mg/dl. Se ha hecho creer a la gente sana que estaba enferma, aumentando el número de clientes y con ellos sus ingresos multimillonarios. Hoy más de 1 de cada 4 estadounidenses mayor de 45 años consume estatinas diariamente, y esto tiene un impacto muy negativo sobre la salud.

El denominado hígado graso, por ejemplo, no es más que un hígado colapsado por exceso de trabajo. Cuando por medio de las estatinas desintegramos el colesterol que el hígado produce porque el cuerpo lo necesita, el hígado intentará fabricar más, desgastándose y envejeciendo de forma prematura. Aunque la medicina niegue los efectos secundarios, muchos consumidores de estatinas comienzan a notar una serie de síntomas que parecen hacerlos envejecer prematuramente. Dolores crónicos, entumecimiento, debilidad, fatiga, confusión, respiración agitada, deficiencia cardíaca, amnesia y otros trastornos de la memoria, hostilidad, depresión,… son algunos de los efectos de la medicación, los cuales desaparecen en cuanto ésta se abandona.

No existe ningún estudio tipo causa-efecto, realizado por científicos sin relación o sin haber sido financiado por las farmacéuticas, que demuestre que el colesterol es una causa relacionada con enfermedades cardiovasculares o aterosclerosis y lo que nunca explicarán los promotores de los medicamentos anti colesterol es que existen muchos trabajos que reivindican el papel benéfico del mismo colesterol que pretenden eliminar” 3

Las estatinas reducen el colesterol bloqueando la enzima que controla la formación del mismo en el organismo. Esta enzima es necesaria para la síntesis de la Q-10, importantísima para la producción de ATP (Adenosin Trifosfato), molécula que interviene en todas las transacciones de energía en las células, especialmente en las del corazón. Por tanto, las estatinas pueden terminar provocando el ataque cardíaco que, se supone, pretendían evitar.

Como ya hemos mencionado, el sector alimentario está también implicado. Yogures y otros productos son publicitados como si de medicamentos se tratase; como no pueden emplear estatinas en su composición, utilizan fitoesteroles (que inhiben la absorción del colesterol exógeno) como otro medio de “lucha” contra el preciado y beneficioso colesterol. Lo que no nos cuentan es que estos fitoesteroles, presentes en la naturaleza, lo están naturalmente en cantidades muy inferiores a las que introducen en su “alimentos”. Para consumir, por ejemplo, el 1,6 g de fitoesteroles incluido en uno de estos productos, necesitaríamos consumir kilos y kilos de soja. Es fácil comprender que esto es totalmente contraproducente. De hecho la letra pequeña de muchos de estos productos presenta una serie de advertencias como que no se consuman si no se padece un exceso de colesterol, o si se está a tratamiento con medicamentos para reducirlo, y también se recomienda no exceder la dosis recomendada de por ejemplo uno o dos yogures al día.

En definitiva, sistema médico-sanitario convencional, sector alimentario, medios publicitarios, artículos de opinión y otros “agentes” (como médicos y nutricionistas) conscientes o no de la mentira, han conseguido extender a nivel social la idea, del todo errónea, de que el colesterol es un enemigo al que hay que reducir ya sea a base de medicamentos y/o dietas del todo contrarias a lo saludable.

Hagámonos conscientes, lo antes posible, de los inmensos intereses que hay detrás de esta farsa, y cuidémonos de comprar e ingerir los productos que nos ofrecen utilizando argumentos del todo engañosos, pues poco parece importar la salud de la inmensa mayoría, siempre y cuando unos cuantos “humanoides” sin corazón ni empatía mantengan su negocio funcionando a pleno rendimiento.


1, 3: David Gaset – en “Sin vacunas”

2: Dr. Joseph Mercola – en artículo web

Fuentes:

David Gaset – “Sin vacunas”

Dr. Mercola – artículos web

Carlos Abehsera – “La gran mentira de la nutrición”

nutrición y salud • natural y consciente -presentación-

Un espacio sobre salud y nutrición donde se intenta ofrecer información desde un enfoque más abierto, con el deseo de aportar luz a temas habitualmente presentados desde la oscuridad. Con la pretensión de contarte lo que la mayoría de personas no sabe debido a la falta de información real sobre todo lo relacionado con la salud.

¿No crees que llevamos “enferm@s” demasiado tiempo? Sentirnos cansad@s, tener dolores articulares, musculares, de espalda, cabeza, padecer problemas digestivos como acidez, reflujo, gases, diarrea o estreñimiento, sentirnos deprimid@s, ansios@s, o irascibles; nada de esto debería ser “normal” en el día a día de una persona sana, y mucho menos deberíamos necesitar una pastilla para cada uno de estos “males”. Pero esto es lo que nos han “vendido” y nosotr@s hemos “comprado” sin dudar. Buena estrategia de marketing, ¿no crees?

Pues ha llegado la hora de responsabilizarte de ti mism@. Nadie lo va a hacer por ti.

Porque tomar responsabilidad es el camino, aquí descubrirás información que tod@s deberíamos tener sobre salud y nutrición.

Vivir de manera saludable, y sentirse bien, requiere hacer cambios. Pero es posible, créeme, cualquiera puede hacerlo.

No siempre es fácil saber por donde empezar. Por eso en nutrición y salud • natural y consciente encontrarás una guía, porque ese es mi propósito: ayudarte.

Toma las riendas de tu salud y cambia tu vida.

Entrada primera: Mis historias o porqué estoy aquí.

Hará ya unos doce años, puede que algo más (no recuerdo con exactitud), comencé a darme cuenta de algunas cosas con respecto a mi alimentación. La visión que tengo hoy es completamente distinta a la de aquellos días y a todo lo que creí ir comprendiendo posteriormente y que iré exponiendo a continuación, es fruto de una evolución a lo largo del tiempo, basada en investigaciones, pruebas y observaciones sobre mí misma, cambios casi radicales en determinados momentos, y la lenta toma de consciencia sobre el “mundo” que nos rodea.

He de decir que siempre he sido de constitución más bien delgada, nunca he tenido que esforzarme demasiado por mantener un peso saludable, aunque casi todas las personas, en algún momento de nuestra vida, estamos algo disconformes con ciertas partes de nuestro cuerpo.

Comencé observando que cuando comía menos pan mi barriga se desinflaba, así que lo puse en práctica y en gran parte funcionó. Poco después, creo que a través de mi hermano Eli, me enteré de que la culpable podía ser la harina blanca de trigo, así que buscaba en el supermercado panes de tipo molde o tostado, que al menos incluyesen sólo harina de trigo integral (y no blanca) en conjunto con otras harinas como la de centeno, espelta, también semillas, etc., pero estos panes estaban también cargados de aditivos y conservantes entre otros, lo que pronto comenzó a preocuparme, y me llevó a buscar otras alternativas a través de herbolarios y panaderías en los que podía encargar panes a base de espelta o centeno. También comencé a sustituir la pasta, a la que era “adicta”, por otra a base de estos cereales.

Y así comenzó el interés por mi salud, con cambios que hoy me parecen casi insignificantes y que entonces no podía imaginar lo lejos que me llevarían.

Por aquellos tiempos llegó hasta a mí, creo que también a través de mi hermano (Eli estaba ya por aquel entonces a “años luz” en esto de la salud natural y alternativa a nivel personal, y gracias a él he descubierto muchísimas cosas ♥), el libro del Dr. Peter J. D’Adamo “Los grupos sanguíneos y la alimentación”, basado en las investigaciones de éste y su padre, el Dr. James D’Adamo, ambos médicos naturópatas, que establecieron un vínculo entre el grupo sanguíneo y la alimentación más adecuada, así como el tipo de ejercicio y otros aspectos, en relación a éste. Este tema me pareció tan interesante que decidí hacerme una prueba para conocer mi grupo (0) y a partir de ahí creí comprender el porqué de que determinados alimentos no siempre me sentasen demasiado bien. Creía tener la clave en la que basar mi alimentación a partir de ese momento, y he de decir que sí noté cambios significativos al hacerlo.

Otra cosa que tuve que replantearme por aquellos tiempos fue mi relación del todo inexistente con la práctica de ejercicio. En mi niñez experimenté con diferentes deportes, cada curso escolar probaba uno diferente, pero ninguno cuajó, así que llegó la adolescencia y me entregué a la “mala vida”, y no volví a tener contacto alguno con el deporte hasta entonces.

Así que después de ponerme muchas excusas, me apunté al gimnasio y a la piscina, y ahí, además de la gimnasia de tipo aeróbico y de mantenimiento – donde al principio estaba menos en forma que mis compañeras las sesentonas 😉 – descubrí también el Pilates, que no he dejado de practicar hasta hoy. Según asistía a estas actividades de estiramiento y movimiento, mis dolores de espalda, caderas, cervicales,… muy presentes desde edad bastante temprana, empezaron a remitir. No es que desapareciesen del todo, pero me di cuenta de que mi calidad de vida mejoraba si hacía ejercicio, y posteriormente, al dejarlo durante algunas temporadas, esto se vio confirmado.

Mi interés por seguir mejorando la manera de alimentarme me llevó a la compra de una panificadora con la que comencé a hacer mi propio pan. Buscaba recetas, probaba diferentes mezclas, y durante algún tiempo consumí encantada estos panes a base de harinas de espelta y centeno con levadura seca, hasta que también mi querido hermano me trajo al mundo de la masa madre. Así que tras conseguir elaborar mi propia masa y tras varios intentos de introducirla con buenos resultados en las recetas para panificadora, decidí ponerme manos a la obra con el amasado manual y el horno, y la verdad es que, a pesar del esfuerzo, mereció bastante la pena.

Otras informaciones de gran importancia me fueron llegando, como los perjudiciales efectos del azúcar blanco, y como también era “adicta” a la bollería y otras guarrerías, había comenzado a elaborar mis propios bizcochos sustituyendo harinas y azúcar blanco por las harinas mencionadas anteriormente y por panela (azúcar sin refinar elaborado a partir del jugo natural de la caña de azúcar), así como una mezcla “reactiva”de bicarbonato de sodio con zumo de limón en sustitución de la tradicional levadura química en polvo, que a saber qué peligros tenía también…

Con el tiempo fui sustituyendo otros “químicos” como la sal, dejé la convencional (otro veneno de la industria alimentaria) y la cambié por otras sales más naturales como la verdadera sal marina, o la sal rosa del Himalaya. También fue en aumento mi investigación sobre los ingredientes de los productos, por lo que dedicaba mucho más tiempo a hacer la compra, parándome en cada etiqueta, buscando cada “conservante” (E-XXX) y descartando, mal que me pesara, productos de los que había estado “disfrutando” durante demasiados años y que probablemente habían hecho en mí, ya muchos estragos.

Pero además de todo esto, me iba dando cuenta del poco servicio que me prestaba la medicina convencional, cada vez que tenía un malestar y acudía a la consulta de un médico, salía de allí con una ingrata sensación, pues o no me daban solución o me ofrecían “parches” que nunca me curarían y sólo ayudarían a “envenenarme” aún más. Hoy sé cuánto mal me han producido ciertos medicamentos, en combinación con la inadecuada alimentación, y otros tóxicos que nos atacan desde todos los flancos.

Así pues comenzó también mi inquietud por las maldades de la cosmética. Allá por aquel entonces, todavía era un “esclava” (a mi manera) de la imagen y la estética, por lo que utilizaba diariamente algunos productos de maquillaje, así como sérums, tónicos faciales, aguas micelares, acondicionadores, espumas y geles para el cabello, y un sinfín de productos que hoy considero del todo inservibles, y no sólo eso, totalmente perjudiciales. Qué simple me parece todo ahora; nos hacen pensar que necesitamos un montón de productos diferentes, y lo cierto es que “necesitamos” muy pocos o ninguno.

Comencé intentando sustituir casi todos esos productos por otros menos perjudiciales, como los catalogados de cosmética natural (que en ocasiones de natural sólo tiene el nombre). Después conseguí ir eliminando algunos. Y finalmente me decidí a elaborar muchos de ellos por mi cuenta. Más investigaciones, más recetas, y cada vez más “frikismo” ;), pero considero haberlo hecho bastante bien. Hoy utilizo muy pocos productos si lo comparo con el pasado, y además los elaboro yo misma: cremas, bálsamos y ungüentos, pastas de dientes, desodorantes, jabones, champús sólidos, y hasta algunos productos de limpieza.

Un primer paso de cambio en algo como la alimentación, te puede llevar a vivir de un modo totalmente diferente, te puede llevar a lo que nunca imaginaste, a replantearte toda tu vida y el cómo quieres vivirla, a comprender la poca importancia que tienen algunas cosas que siempre te habían mostrado como importantes (y que tú dabas por hecho sin dudar), a valorar otras que realmente sí lo son, aunque parecen no tener casi cabida en esta sociedad, y a interesarte por temas que no pensabas ni que pudieran existir. Para mí ha sido así de algún modo, mi vida no se parece en nada a la de aquellos días con los que comencé mi historia, y ahora, visto desde esta perspectiva, no podéis ni imaginar lo feliz y agradecida que me siento ☺.

Siguiendo con mi relato, os contaré que pasados varios años, en determinado momento de mi vida de total estrés por aquel entonces, mi organismo dijo ¡basta! y una mañana desperté con la cara más parecida a la de un monstruo que a la de una persona. En ese tiempo yo tenía dos o tres trabajos que compaginaba para poder mantenerme, a parte de una vida personal y emocionalmente bastante desequilibrada, todo esto se agravaba por una falta de descanso y también de ejercicio, descuidos en la alimentación (pues los fines de semana trabajaba en un restaurante, y a lo largo de aquellas intensas noches me comía lo que se me pusiese por delante), y abuso de un medicamento en concreto sin el que pensaba no podría vivir (mis menstruaciones eran tan dolorosas y abundantes que llevaba años en tratamiento con anticonceptivos orales para poder sobrellevarlas y que esto no afectase a mis “responsabilidades” laborales o de cualquier otro tipo). Aquella mañana no sólo me asusté por la imagen que el espejo reflejaba, sino también por el mensaje que probablemente mi cuerpo estaba enviándome; supe que algo no estaba bien, y era lo suficientemente alarmante como para no hacerle caso. Una especie de dermatitis “superlativa” me atormentó durante alrededor de una semana. Tenía la cara hinchada, roja, descamada, amanecía con los párpados inflamados, y el picor era tan insoportable que sólo quería arrancarme la cara… así que me pasaba el día untándome con aceite de caléndula y manteca de karité, que me ayudaban a ablandar las capas de piel “costrosa” y a eliminarla. Se podría decir que mudé la piel cual reptiliano ;).

Otra cosa que me sucedió en esa época fue sufrir varios episodios de prurito genital. Hubo momentos de experimentar picores casi insoportables que sólo era capaz de aliviar haciendo baños de asiento con infusión de caléndula y milenrama (creo recordar), y aplicación de aceite de coco, aunque pasadas unas horas volvían a torturarme. Me incapacitaban totalmente para ir a cualquier parte o cumplir con cualquier “responsabilidad”. A estos episodios le siguieron otros diferentes, también relacionados con la salud femenina, y que tras mis investigaciones pude clasificar como candidiasis vaginal.

A estas alturas estaba claro que algo no iba bien, mi cuerpo me enviaba demasiadas señales y por aquel entonces pensaba que la alimentación sería, probablemente, la causa más importante, así que decidí realizar unas pruebas de intolerancias alimentarias a través de una naturópata que ya había realizado estas pruebas, por biorresonancia, a varios miembros de mi familia hacía algunos años. Y salieron las intolerancias, claro que salieron, pero además, por los síntomas que yo había estado padeciendo y que le comenté a esta doctora, a través de estas pruebas pudo confirmarme la presencia de Dña. Cándida (que no es una señora muy buena).

Por supuesto eliminé los alimentos a los que era intolerante como el gluten, la leche, o algunas frutas y verduras, también otros elementos no alimenticios como el plumón (estaba durmiendo con mi peor enemigo me dijo esta mujer ¡jaja! y me compré un edredón de los sintéticos). Mi pan ya no me servía, así que otra vez a investigar la manera de elaborar un pan que pudiera comer, ¡cómo iba a dejarlo! (hoy por hoy no como pan), y al fin encontré refugio en el trigo sarraceno.

Los episodios de candidiasis vaginal se seguían sucediendo. Cada vez que sufría uno lo atajaba con probióticos vaginales, pero al cabo de un tiempo volvían, así una y otra vez, y comprendí (pues seguía investigando) que mi candidiasis no tenía origen vaginal si no, probablemente, intestinal, y que esto me estaba afectando a todos los niveles: digestivo, óseo, articular, psicológico, emocional, etc. También encontré informaciones acerca de la casi total inexistencia de esta enfermedad para la medicina convencional, así que como ya había decidido desde hacía bastante tiempo no seguir tratando con “esta gente”, seguí mi camino por libre.

Comparando numerosas dietas antifúngicas decidí eliminar los alimentos que todas ellas consideraban “prohibidos”, así como muchos que aparecían a veces en estas listas y por lo tanto catalogué como “dudosos”. Esto me llevó al cambio alimentario más grande que creí poder hacer jamás: casi de la noche a la mañana había eliminado casi todo tipo de harinas y cereales, legumbres, lácteos, azúcares y dulces de todo tipo, así como hongos y levaduras, frutas, muchas hortalizas, por supuesto patatas y solanáceas en general, todo tipo de carnes procesadas, embutidos y fiambres, grasas varias, y hasta vinos y cervezas… ¿y ahora qué como yo? ¿y qué voy a tomar cuando salga con los colegas?, ahora me río, pero fue bastante duro… Cuando dejas de comer tantas cosas, te das cuenta de la adicción que tenías a algunas de ellas, especialmente al azúcar y las harinas. No voy a decir que sea un camino fácil, porque no lo es, al principio sobre todo hay momentos de “mono”, de bajón psicológico, de casi sucumbir y romper ese pacto que habías hecho contigo misma, pero es posible, claro que lo es, yo lo hice y soy una de las personas más glotonas que conozco. ¿Por qué no ibas a poder hacerlo tú?

Eliminar alimentos de tu dieta tiene más cosas positivas, y es que a la desesperada buscarás otros posibles candidatos con los que sustituir a los anteriores. Y esto te llevará a ¡grandes descubrimientos!: por ejemplo alimentos que no sabías ni que existían, pero sobre todo a descubrir que puedes disfrutar comiendo cosas que antes no te gustaban. En mi caso las verduras fueron una de ellas, pues sólo comía algunas y creo que me sobraban dedos de una mano para enumerarlas. Además sólo me servían como acompañamiento de carnes, pescados o como yo decía, cosas con “chicha”, porque siempre he sido muy carnívora, y si no había proteína animal de por medio me parecía no haber comido (ahora sé por qué).

Como decía, efectivamente, el paladar se adapta a todo. Por alguna razón, en algún momento de nuestra vida se grabó en nuestro cerebro la información del que “la cebolla no nos gusta” (es sólo un ejemplo), y cada vez que sientes su sabor tu cerebro de lo recuerda con un “puah”, y o te la tragas intentando no saborearla o directamente la escupes, porque simplemente no puedes con ella. Quizá no deberías intentar empezar con los alimentos que menos te gustan, es decir, con aquellos que casi te repugnan; lo más apropiado será empezar a introducir aquellos que bah… ni fú ni fá, porque algo tendrás que comer, digo yo… así que manos a la obra. En muy pocas semanas me encontré disfrutando de riquísimas tostadas de pan de trigo sarraceno y aguacate con semillas de cáñamo y chía, preciosos platos de quinoa con calabacines y otras “verduras” a la plancha decoradas con pipas de calabaza y girasol*, brécol al vapor con delicioso pimentón de la Vera, y otras “maravillas culinarias”, todas ellas sazonadas con estupenda sal marina y rociadas con abundante aceite de oliva virgen extra (quizá demasiado abundante). Y es que otra cosa que tuve que hacer fue cambiar la manera en que cocinaba los alimentos, o más bien, casi dejar de cocinarlos… todo a la plancha, hervido, crudo, y poco más, pues esta era otra de las directrices de mi dieta antifúngica.

* Más adelante veremos cómo casi ninguno de estos alimentos forma parte de mi alimentación actual, ya llegaremos, ya…

A esta dieta “anticándida” hubo que sumar el consumo de suplementos probióticos, además de todo tipo de antifúngicos (de origen natural, por supuesto). Creo que los probé todos: ácido caprílico, lapacho, aceite de orégano, extracto de semillas de pomelo, fórmulas sinérgicas a base de varios de estos y otros componentes…, hasta que di con la trementina de resina de pino. Hubo un antes y un después de la trementina en mi evolución, éste fue uno de los tratamientos más efectivos en mi caso, aunque con el tiempo me daría cuenta de que era insuficiente, no por el efecto de la trementina en sí, sino porque en aquel momento, ni era consciente de que había más cosas que estaban mal en mi intestino, ni de que la dieta que llevaba, a pesar de ser una de las más recomendadas en “mi situación”, no era la más adecuada.

Junto con la información sobre la trementina para uso en candidiasis, encontré recomendaciones de la llamada dieta paleo. Me puse a leer sobre el tema y, como era de esperar en una carnívora de origen como yo, esta dieta resultó muy atractiva e interesante; pero la verdad es que según iba buscando y leyendo, también me encontraba con todo un “rollo” súper extendido y como muy de moda en el que al final, parecía que toda carne o grasa animal, por industrial que fuese, parecía servir para esta dieta. Encontré webs enteras dedicadas a la dieta y el estilo de vida paleo, muchas con la finalidad de hartarse a comer proteína animal y otras “cosas ricas” creo que hasta límites del todo excepcionales y sin remordimiento, espacios llenos de recetas de bollería con ingredientes más o menos “sanos” por sí mismos, pero de bollería al fin y al cabo, y visto lo que ya había visto y cambiado en mi alimentación, pensaba que en mí caso no hubiese resultado muy saludable recurrir a esos “dulces”. Además encontré mucha confusión entre ésta y la llamada dieta cetogénica, que aunque tiene ciertas similitudes con la paleo, resulta más “drástica” y se basa en otros principios.

Quiero aclarar que la dieta paleo verdadera, desarrollada por Loren Cordain en su libro “La dieta paleolítica”, parece bastante coherente. Está basada en la alimentación de nuestros ancestros, y creo que con matices, puede resultar bastante beneficiosa para algunas personas. También hay webs, así como otros autores, que promueven esta dieta con respeto a sus bases y que por tanto sí serían recomendables como fuente de información.

El caso es que pasaban los meses y veía que mejoraba, sí, lo hacía, pero el tiempo seguía pasando y nunca llegaba el final, Cándida seguía conmigo (pues yo lo sabía), no terminaba de sentirme del todo bien así que pensé que algo debía estar haciendo mal, o quizá no del todo correctamente. Y seguí investigando… y entonces un buen día me encontré leyendo un artículo sobre candidiasis intestinal, en el que se hablaba además de otro padecimiento muy relacionado con ésta, el síndrome de intestino permeable, y tras leer el listado de síntomas más comunes relacionados con el SIP, de algún modo vi la luz; me di cuenta de que esto, probablemente, llevaba también en mí por mucho tiempo, y de que nunca iba a poder curar mi candidiasis si no lo tenía en cuenta; entendí que a través de estas “perforaciones” en mi intestino, estaban entrando en mi torrente sanguíneo muchos elementos que nunca deberían haber traspasado esa “barrera”, y que esto era la causa de muchos otros problemas.

Al mismo tiempo apareció en mi camino “La paradoja vegetal”, del Dr. Steven R. Gundry, e hice uno de mis mayores descubrimientos hasta la fecha. Párrafos atrás hice mención a que en la actualidad no como muchos de los alimentos que antes consideraba saludables. Pues he aquí la clave, nunca habría pensado que tantos de aquellos alimentos me estaban perjudicando: los peligros ocultos en los alimentos <<saludables>> que provocan enfermedades y ganancia de peso, así subtitula Gundry su libro, y con él descubrí que las “culpables” de casi todo eran y son: las lectinas.

Calabacines y calabazas, semillas de éstas, de girasol, chía, cereales y pseudocereales en general, incluido mi adorado trigo sarraceno, del que para ser sincera ya sospechaba algo no muy bueno desde hacía algún tiempo, legumbres, solanáceas, pepinos, melones y otras frutas, algunos frutos secos como los anacardos, cacahuetes (que son realmente legumbres) y muchos otros alimentos, contienen estas perjudiciales lectinas causantes en gran medida del ya mencionado síndrome de intestino permeable y muchos otros problemas, como enfermedades autoinmunes, cardiopatías o enfermedades neurodegenerativas. Las lectinas, un grupo de proteínas contenidas en las plantas, no son más que un mecanismo de defensa de las mismas. Una planta hará todo cuanto sea posible para mantener sus semillas, su descendencia, alejadas de la boca de sus predadores […], las lectinas atacan a los animales que osan comerlas, haciendo literalmente que mueran o, al menos que experimenten un considerable malestar. En caso de  que sobrevivan al encuentro inicial con la planta que contiene las lectinas, los insectos y otros animales aprenden rápidamente que no deben comer cualquier planta (o sus semillas) que les perjudique o afecte a su desarrollo. ¿Por qué insistiremos los humanos en comer cosas que nos sientan mal?, ¿desconexión de la naturaleza quizá?, me tomo un medicamento para paliar los efectos del atracón y listo…, pues no, no listo, más bien tonto. El medicamento parcheará momentáneamente ese efecto de malestar pero, además de causarte otros problemas, no anulará su efecto, y cada vez que te empeñes en consumir de nuevo el alimento que ya sabes te sienta mal, éste continuará causando estragos en tu organismo, ¿de verdad los racionales somos nosotros?

Pues sí, las lectinas, manda carallo… aunque también debes saber que hay lectinas “buenas”, como las de los ajos, los espárragos, o los aguacates… ¡¡gracias!!

El libro de Gundry es hasta la fecha, al menos en castellano, el único con información verdaderamente relevante sobre este tema, o al menos es el único que yo he encontrado. Tampoco hay demasiada información en internet, aunque poco a poco parece ir apareciendo algo. Este doctor propone y desarrolla en su libro, un protocolo terapéutico que desintoxica las células, regenera el tubo digestivo y nutre el cuerpo; y desde luego, yo noté sus efectos, por primera vez en todo aquel tiempo, sentí de verdad que el “final” estaba cerca. La mayoría de los síntomas que todavía tenía remitieron a lo largo de las semanas siguientes, algo estaba cambiando, estaba segura, y debía tener que ver con las dichosas lectinas. No es que siguiese el plan propuesto al dedillo, pues había determinados alimentos “permitidos” que para mí no lo estaban (para no alimentar a “mis cándidas”), pero puse en práctica gran parte de sus consejos y todo mejoró.

Quinoa, trigo sarraceno, calabacines, pipas de girasol y calabaza,… hube de dejar de comer muchos de aquellos alimentos que había introducido anteriormente como “saludables” sustitutos de los que comía mucho tiempo atrás, y por supuesto y definitivamente, hube de dejar el pan, tome la decisión que tanto había estado posponiendo, y no resultó tan grave como hubiera podido imaginarme; si es que todo está en nuestra mente, somos creadores de “problemas”, pero este es otro tema…

En los últimos tiempos también estaba consumiendo un probiótico de calidad, tan importante para mantener una sana flora intestinal; investigué bastante sobre ellos y me decanté por un simbiótico (que incluye también prebióticos que alimentan a los probióticos). Además di con un suplemento muy apropiado para tratar el síndrome de intestino permeable y lo consumí durante alrededor de tres meses. Creo que todo esto contribuyó también de forma importante a mi recuperación.

He de aclarar que, a la par de este cambio, comencé con un proceso de limpieza hepática que llevaba tiempo queriendo llevar a cabo, y que por unas cosas u otras también había estado posponiendo. Creo que constituyó una parte enorme de toda la mejoría que sentí pues, según se sucedían los meses y con cada limpieza, mejoraba también con respecto a otras molestias, que habían estado conmigo durante casi toda la vida; por poner un ejemplo, ya he mencionado anteriormente cual era la magnitud del dolor de mis menstruaciones, pues bien, éste fue aminorando hasta unos niveles que nunca había creído posibles de manera natural. Si deseas más información sobre la limpieza hepática, aunque hay otros manuales, te recomiendo uno que simplifica bastante el proceso: “Guía para limpiar el hígado, la vesícula y los riñones” de Carlos de Vilanova, autor del blog http://lalimpiezahepatica.blogspot.com/.

Llegados a este punto, mi interés por seguir aprendiendo sobre estos y muchos otros temas relacionados con la nutrición y la salud, estaba más que claro. Siempre me encontraba buscando información que me llevaba a otro tipo de datos, relacionados o no con mi primera búsqueda, y así he pasado horas frente al ordenador, de una página a otra, libretas llenas de apuntes, archivos de texto, libros,… un no parar de “absorber”  y almacenar que no pretendo dejar. Por eso empezó a rondarme la posibilidad de hacer de esto mi profesión. Si realmente había evolucionado tanto a todos los niveles (aquí sólo menciono una pequeña parte de éstos, pues necesitaría escribir un libro y no es mi intención contaros toda mi vida…), podría ayudar a otras personas a realizar cambios para mejorar su salud a través de la alimentación y otros hábitos saludables. Nunca he sentido vocación de nada, nunca he sabido a qué quería dedicarme profesionalmente, he estado dando tumbos en el mundo laboral desde que éste empezó para mí, creo que al fin he encontrado algo que realmente me interesa, y por eso creo que puedo, qué mejor que ayudar a otras personas a “sanar”…

Así que empecé a estudiar también oficialmente, pues a veces, dependiendo de a qué pretendas dedicarte, las titulaciones pueden ser necesarias o recomendables para ejercer legalmente. Y lo hice, me titulé, y una vez hecho, aparté los estudios “oficiales” y continué con los estudios “reales”, con los que continúo hoy día.

Y me topé con el Dr. Mercola, otro naturópata americano que me aclaró muchísimas cosas y lo sigue haciendo; este hombre tiene artículos sobre casi todo lo relacionado con la salud, además de libros interesantísimos y un sistema basado en “La dieta metabólica” de William Wolcott y Trish Fahey, pero mejorado a lo largo de años de investigación y experiencia profesional. No se corta a la hora de dar información reveladora sobre como un “sistema” movido por intereses económicos principalmente, se dedica a enfermarnos en vez de intentar mantenernos sanos. Considero muy recomendable seguir a este doctor, pues se puede aprender mucho leyéndolo. Además, tras haber puesto en práctica gran parte de su sistema nutricional, no todo, pues me parece fundamental tener en cuenta a nuestras “adoradas” lectinas entre otros aspectos, creo haber dado al fin con el sistema de alimentación más adecuado.

Por eso en la actualidad me dedico, entre otras cosas, a elaborar mi propio programa nutricional, basado en todo lo aprendido a través de estos años, con las experiencias y prácticas sobre mí misma, con la información de libros, artículos, blogs, webs,… con la ayuda de tantas y tantos maestros a los que estoy totalmente agradecida por tanta dedicación y generosidad, al compartir tan valiosas informaciones que nos permiten seguir avanzando en el camino del aprendizaje para la salud y la vida plena. Entre estas maestras y maestros no sólo hay doctores, que quizá por el tema en el que me he centrado son los más nombrados, también hay muchos otr@s profesionales, y no profesionales, que me han ayudado a otros niveles, no sólo físicos sino también emocionales y mentales, de crucial importancia para cualquier proceso de transformación y recuperación de la salud; ya habrá tiempo de ir nombrando a todas estas maravillosas personas.

Hoy por hoy tengo claro, que el cambio que tod@s deberíamos hacer ha de ser global y progresivo. Cualquier paso que des estará muy bien, uno viene detrás de otro, pero no debes pararte. No es suficiente con caminar un poquito, hay que seguir caminando. Alimentación y nutrición, ejercicio, consumo orgánico (alimentario y cosmético), medicina natural, relajación y meditación, salud emocional, espiritual, reconexión con la naturaleza, con la madre tierra, con nuestros instintos,… todos son pasos muy necesarios, tienes mucha vida por delante para ir descubriendo cantidad de cosas con respecto a cada uno de ellos, pasarás por distintos niveles en tu evolución, no importa lo que tardes porque ésta no tiene fin, sólo sigue adelante, ese es el camino.

Nadie puede sanarte, nadie puede hacerlo si no te haces consciente y responsable de ti mism@. Podrán recomendarte suplementos, hierbas, alimentos, dietas, ejercicios y técnicas de todo tipo, pero aun siendo muy buenas posibles candidatas para poner en práctica, si tú no te haces consciente de la importancia de tu salud, de respetar tu cuerpo y tu mente, de que sólo tienes uno y de que debes cuidarlo en la medida de lo posible para desempeñar tu propósito de vida, si no te haces totalmente responsable, ninguna de ellas surtirá verdadero efecto. Lo cierto es que podemos cambiar cosas con respecto a nuestro estilo de vida, y como decíamos antes, siempre hay que empezar por algo, pero no debemos estancarnos, continúa avanzando en esa evolución, sigue haciendo cambios, cada día, dedícate tiempo y no pongas excusas, porque si quieres, puedes hacerlo, tod@s podemos, no dejes que nadie, incluid@ tu mism@, te haga creer lo contrario.

Seguro me quedan cosas importantes por nombrar, pero he tenido que hacer memoria de muchas experiencias que han pasado hace bastante tiempo y la cabeza ya no es la que era. Al fin creo que la idea que quiero mostrar está más o menos presente, y todo lo que haya de surgir, estará a disposición posteriormente en artículos más concretos.

Si has llegado hasta aquí, muchas gracias, y si no, pues también, ¡gracias!