Colesterol, ¿amigo o enemigo?

Si a raíz de una pruebas te dicen que tienes alto el colesterol, probablemente pensarás que te has estado pasando con la ingesta de grasas y que debes reducirla. Puede que el facultativo te recomiende comenzar con un tratamiento a base de fármacos para reducir los niveles de colesterol. ¿Pero qué hay detrás de todo esto?, ¿de verdad hay un problema en tus niveles de colesterol?, y en tal caso, ¿es realmente el colesterol el problema o son otras cosas las que no están funcionando correctamente en tu organismo?

El colesterol es imprescindible para gozar de buena salud, vital para la supervivencia de células y tejidos, y su papel es esencial en cualquier reparación celular. No solo se encuentra en nuestro torrente sanguíneo sino también en cada una de las células de nuestro cuerpo. Precursor de todas las hormonas esteroideas, permite al organismo sintetizar las hormonas sexuales (progesterona, estrógenos y testosterona), la vitamina D (esencial en el metabolismo del calcio), las sales biliares (esenciales para la digestión de las grasas e implicadas a su vez en la eliminación del exceso de colesterol por las heces), hormonas corticoesteroidales y muchas otras hormonas vitales.

No existe ninguna forma de vida en nuestro planeta que pueda sobrevivir sin colesterol” 1

Su papel es importantísimo en el cerebro, el cual contiene aproximadamente el 25% del colesterol de nuestro cuerpo, actúa como aislante de las neuronas y es fundamental para la formación de las sinapsis o conexiones entre las mismas, las cuales nos permiten pensar, aprender cosas nuevas y formar recuerdos.

Se han relacionado los niveles bajos de colesterol HDL con la pérdida de memoria, enfermedad de Alzheimer, y puede también incrementar el riesgo de depresión, derrame cerebral, conducta violenta, y suicidio” 2

La mayor parte del colesterol presente en nuestro organismo no proviene de la dieta, si no que es de producción endógena. El hígado produce alrededor de las tres cuartas partes o más del colesterol de nuestro cuerpo. De hecho se estima que sólo el 20 % de los niveles de colesterol en sangre proviene de la alimentación.

El propio organismo se encarga de mantener el equilibrio. Una alta ingesta de colesterol en la dieta conduce a una disminución neta de la producción endógena por parte del hígado, y viceversa. Cuando, debido a deficiencias nutricionales como el consumo en exceso de azúcar y carbohidratos (sobre todo simples y muy procesados) y otros agentes externos como medicamentos y vacunas, se agrieta el colágeno del tejido conjuntivo de las paredes arteriales, éstas se inflaman y el colesterol acude al rescate transportado por las lipoproteínas y por eso aumenta el nivel en sangre.

La pérdida de flexibilidad e inflamación de las arterias ocasiona una reducción del caudal en el sistema circulatorio, y claro está que las estructuras más densas que circulen por nuestras arterias serán las que antes puedan causar obstrucciones, pero la causa del problema no es el colesterol. Si no hay inflamación es imposible que éste se acumule en las paredes de los vasos sanguíneos y que cause enfermedades cardíacas y apoplejías; sin inflamación, el colesterol se mueve libremente y sin peligro por todo el cuerpo cumpliendo su función.

Sólo existe un tipo de colesterol, no hay uno bueno y otro malo como acostumbramos a escuchar. El colesterol es soluble en grasa, y nuestra sangre es un medio acuoso, por lo que el colesterol no puede circular a través de ésta por sí solo, necesita combinarse con otras grasas y proteínas lo que da lugar a las llamadas lipoproteínas, con capacidad para transportar grandes cantidades de colesterol. Éstas lipoproteínas pueden dividirse en dos tipos: de alta densidad o HDL, y de baja densidad o LDL, mal llamadas colesterol “bueno” y colesterol “malo”.

Cuando el nivel de colesterol en sangre es muy elevado, deberíamos considerarlo como una señal de alarma de que algo está fallando. Si hay inflamación en las arterias, lo que debemos hacer es eliminar la causa de la misma en vez de cargarnos a su reparador con medicamentos (estatinas) agravando el problema. La inflamación y lesión de los vasos sanguíneos es causada, precisamente, por una dieta baja en grasas, alta en carbohidratos, al igual que un consumo excesivo de ácidos grasos omega 6, presentes en aceites vegetales (como el de girasol, soja o maíz) empleados en muchos alimentos procesados. Otros factores causantes de la inflamación son el abuso de medicamentos o el estrés.

Es necesario aclarar que las grasas omega 6 son esenciales en las membranas celulares, siempre y cuando se encuentren en equilibrio con las grasas omega 3, ya que si este equilibrio se rompe, se altera la membrana celular produciendo citoquinas, unas sustancias químicas que producen inflamación, que conduce a enfermedades cardíacas y otros problemas. La proporción saludable entre ácidos grasos omega 6 y 3 debería estar en un máximo de 3:1, siendo la ideal 1:1. Pero la dieta occidental actual está en proporciones de 15:1 a 30:1, gracias, en parte, a las recomendaciones oficiales.

La desinformación edificada alrededor de este tema es inmensamente perjudicial para la salud, y extremadamente provechosa para algunos de los sectores más inmensamente ricos del planeta, la industria farmacéutica y la alimentaria van cogidas de la mano como creadoras de una enorme mentira que vienen explotando ya desde hace décadas.

A mediados de los 80 sólo se consideraba tener niveles altos de colesterol si éste sobrepasaba los 330 mg/dl, pero las ansias de la industria farmacéutica por aumentar su negocio ha llevado a reducir los niveles máximos de alarma hasta los 240 mg/dl. Se ha hecho creer a la gente sana que estaba enferma, aumentando el número de clientes y con ellos sus ingresos multimillonarios. Hoy más de 1 de cada 4 estadounidenses mayor de 45 años consume estatinas diariamente, y esto tiene un impacto muy negativo sobre la salud.

El denominado hígado graso, por ejemplo, no es más que un hígado colapsado por exceso de trabajo. Cuando por medio de las estatinas desintegramos el colesterol que el hígado produce porque el cuerpo lo necesita, el hígado intentará fabricar más, desgastándose y envejeciendo de forma prematura. Aunque la medicina niegue los efectos secundarios, muchos consumidores de estatinas comienzan a notar una serie de síntomas que parecen hacerlos envejecer prematuramente. Dolores crónicos, entumecimiento, debilidad, fatiga, confusión, respiración agitada, deficiencia cardíaca, amnesia y otros trastornos de la memoria, hostilidad, depresión,… son algunos de los efectos de la medicación, los cuales desaparecen en cuanto ésta se abandona.

No existe ningún estudio tipo causa-efecto, realizado por científicos sin relación o sin haber sido financiado por las farmacéuticas, que demuestre que el colesterol es una causa relacionada con enfermedades cardiovasculares o aterosclerosis y lo que nunca explicarán los promotores de los medicamentos anti colesterol es que existen muchos trabajos que reivindican el papel benéfico del mismo colesterol que pretenden eliminar” 3

Las estatinas reducen el colesterol bloqueando la enzima que controla la formación del mismo en el organismo. Esta enzima es necesaria para la síntesis de la Q-10, importantísima para la producción de ATP (Adenosin Trifosfato), molécula que interviene en todas las transacciones de energía en las células, especialmente en las del corazón. Por tanto, las estatinas pueden terminar provocando el ataque cardíaco que, se supone, pretendían evitar.

Como ya hemos mencionado, el sector alimentario está también implicado. Yogures y otros productos son publicitados como si de medicamentos se tratase; como no pueden emplear estatinas en su composición, utilizan fitoesteroles (que inhiben la absorción del colesterol exógeno) como otro medio de “lucha” contra el preciado y beneficioso colesterol. Lo que no nos cuentan es que estos fitoesteroles, presentes en la naturaleza, lo están naturalmente en cantidades muy inferiores a las que introducen en su “alimentos”. Para consumir, por ejemplo, el 1,6 g de fitoesteroles incluido en uno de estos productos, necesitaríamos consumir kilos y kilos de soja. Es fácil comprender que esto es totalmente contraproducente. De hecho la letra pequeña de muchos de estos productos presenta una serie de advertencias como que no se consuman si no se padece un exceso de colesterol, o si se está a tratamiento con medicamentos para reducirlo, y también se recomienda no exceder la dosis recomendada de por ejemplo uno o dos yogures al día.

En definitiva, sistema médico-sanitario convencional, sector alimentario, medios publicitarios, artículos de opinión y otros “agentes” (como médicos y nutricionistas) conscientes o no de la mentira, han conseguido extender a nivel social la idea, del todo errónea, de que el colesterol es un enemigo al que hay que reducir ya sea a base de medicamentos y/o dietas del todo contrarias a lo saludable.

Hagámonos conscientes, lo antes posible, de los inmensos intereses que hay detrás de esta farsa, y cuidémonos de comprar e ingerir los productos que nos ofrecen utilizando argumentos del todo engañosos, pues poco parece importar la salud de la inmensa mayoría, siempre y cuando unos cuantos “humanoides” sin corazón ni empatía mantengan su negocio funcionando a pleno rendimiento.


1, 3: David Gaset – en “Sin vacunas”

2: Dr. Joseph Mercola – en artículo web

Fuentes:

David Gaset – “Sin vacunas”

Dr. Mercola – artículos web

Carlos Abehsera – “La gran mentira de la nutrición”